Un 75% de la población mundial sustenta su alimentación en el arroz. Se trata de un alimento básico: es barato, fácil y fuente inagotable de nutrientes y energía.
Aunque las diferencias culturales y religiosas en nuestro planeta llegan a ser enormes, en una cosa coinciden: el arroz es un regalo de los dioses.
Esto es así desde la Antigüedad, por eso, el arroz se veneraba como un don de los dioses en casi todas las culturas, y en ellas encontramos diferentes leyendas que narran el primer contacto del hombre con el arroz. Veamos unas cuantas.
En China se dice que hace mucho, mucho tiempo, la diosa del arroz y Buda compitieron para ver cuál de ellos tenía más poder. Buda celebró entonces una fiesta, pero poco después, la diosa desapareció repentinamente. Los invitados, al quedarse sin arroz, no quisieron continuar el festejo, y Buda, perplejo ante la tristeza de los demás, fue él mismo a buscar a la diosa para que volviera.
En la India se cuenta sin embargo que un día, el dios Siva creó una mujer, una mujer tan bella tan bella que quedó locamente enamorado de ella. Ante la petición del dios de casarse, ella contestó que lo haría pero con una condición: que le trajese como regalo un alimento que nunca le aburriera.
Siva mandó emisarios por todo el mundo, incluso él mismo no dejó un rincón del planeta sin mirar, buscando incansable el regalo que su amada pedía. Pero no logró encontrarlo y Siva, desesperado, trató de casarse con ella a la fuerza pero la doncella, al final, murió de tristeza antes de lograrlo.
A los cuarenta días, de su tumba nació una planta desconocida en medio de un gran resplandor. Siva, al verlo, comprendió que esa planta era el alimento que su amada le había pedido, y decidió repartir el grano entre los hombres para que se alimentasen, como símbolo de su amor.
En Arabia, por el contrario, se dice que el arroz proviene de una gota de sudor de Mahoma, caído del Paraíso.
En África sin embargo, atribuyen el origen del arroz a la sangre del primer hombre, que lo fecundó.
El arroz es vida, y por ello, un don propio de dioses. A partir de hoy, miraremos pues con otros ojos ese alimento tan cotidiano y quizá le daremos la importancia y el respeto que merece. 
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