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Atlas (Del latín Atlas y este del griego Ατλας) era el nombre del gigante que sostenía con sus hombros la bóveda celeste y es, también, el nombre de la primera de las vértebras cervicales, porque sostiene inmediatamente la cabeza.
Y, no sólo, es el soporte de la cabeza, sino que, además, esta vértebra es la guía de la columna porque es, también, la responsable del equilibrio y la postura. En definitiva el eje de nuestro esqueleto.
Todo empezó cuando el suizo René-Claudius Schümperli llegó, en 1993, a la conclusión de que la mayoría de las personas tienen la vértebra atlas desplazada y esto, según él, puede provocar un estrechamiento en el paso del agujero del cráneo y puede comprimir e incluso pinzar las terminaciones nerviosas, además de ejercer una presión constante sobre las arterias. Lo que daría lugar a cefaleas, hormigueos o adormecimiento en brazos y piernas, dolor de cuello, dolores musculares y osteoarticulares, fatiga crónica, infinidad de problemas posturales e incluso hernias discales, escoliosis o vértigo.
Además, según Schümperli, a lo largo de la vida esto se agrava debido a causas externas como partos complicados, caídas o accidentes, ocasionando nuevos síntomas o empeorando y cronificando las ya existentes: lumbago, ciática, problemas de menisco, longitud diferente de las piernas, tortícolis, nervios espinales pinzados. Un atlas luxado provoca un cambio en la postura natural y el buen enderezamiento del cuerpo la que da lugar a graves distorsiones.
El método de Schümperli, un apasionado de las técnicas manuales, consiste en un masaje profundo aplicado en la musculatura de la nuca para conseguir recolocar el atlas. Para ello son necesarias dos sesiones. En la primera se evalúa la posición del atlas de la persona y se procede a la recolocación. Al cabo de unas semanas se realiza la segunda sesión, que consiste en un masaje de control para seguir la evolución del proceso. Ya durante en la primera sesión se experimenta una relajación profunda y un desbloqueo de ciertas partes del cuerpo que estaban contracturadas o doloridas, la cabeza se mueve con mayor facilidad, se ha recuperado la flexibilidad, la postura es más erguida y, poco a poco, van desapareciendo las molestias y los dolores, se nota más energía y la persona se siente menos cansada.
La técnica es totalmente inocua, las manipulaciones no son bruscas por lo que no existe riesgo. Un atlas correctamente recolocado no puede volver a salirse de su posición natural, por razones mecánicas y anatómicas, por lo que el tratamiento sólo dura dos sesiones.
Hay personas que reaccionan con mucha rapidez al tratamiento y enseguida notan los efectos de un atlas, por fin, en armonía con el resto de su cuerpo; otras, en cambio, tardan un poco más y al principio pueden sentirse cansadas e incluso tener agujetas, todo depende de la constitución de cada uno, sus circunstancias y de su entrenamiento previo. Es aconsejable acompañar la recolocación del atlas con otras terapias que ayuden a cuidar
el cuerpo (sobre todo la zona de la nuca y la espalda), como masajes, aparatos o hidromasajes. Decir que la naturaleza dispuso el atlas en perfecto equilibrio y que, por un extraño azar, la mayoría de los seres humanos nacen con esta vértebra desplazada, es a lo que ha dedicado los últimos 13 años de su vida René-Claudius Schümperli, a esto y a recolocarlo a su posición natural. Cada uno que saque sus propias conclusiones.
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